Cabaret Biarritz ( José C. Vales) por Juan Aranzueque

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Cabaret Biarritz (José C. Vales)

Talleyrand llegó a decir que “ceux qui n’ont pas connu l’Ancien Régime ne pourront jamais savoir ce qu’était la douceur de vivre”. El depravado Obispo de Autun no conocía a José C. Vales, ni llegó nunca a leer “Cabaret Biarritz”.
Por una vez en toda su puta vida, alguien le ganó la mano al “Diable Boiteux”. Bendito José C. Vales, y bendito “Cabaret Biarritz”.
José C. Vales, al igual que Talleyrand, es un gran mentiroso. El mejor que conozco. Nos la ha dado con queso a todos. Además de ser un escritor brillante, es un gran prestidigitador. Nos ha engañado a todos, pero qué bien lo ha hecho… Nos ha hecho felices…nos ha hecho tan felices. Inmensante felices. Tan felices como el recuerdo obsesivo de un charlestón. Y eso no se olvida.
José C. Vales, al igual que Pola Negri, ha creado la mejor de las ficciones, las más sugestiva, la más exótica y pervertida de todas ellas, el mejor de los cabarets. Y hemos sucumbido a todos sus encantos. Benditos encantos y bendito José C. Vales.
“Cabaret Biarritz” destila, rezuma alegría de vivir, es un canto a lo mejor de nosotros mismos. “Cabaret Biarritz” es una tremenda resaca de champagne y de juventud, es una borrachera de felicidad. Y, como todas las borracheras, lleva implícita en sí misma un tremendo poso de amargura y de grandes esperanzas perdidas. De vestidos de novia pasados de moda, enterrados en el desván de nuestra memoria, de oportunidades perdidas en la ruleta rusa de nuestros corazones y de sentimientos ahogados en la “Cote Basque” de nuestras soledades.
De la mano de José C. Vales he vuelto a saborear las mejores recetas de la cocina francesa, he vuelto a enamorarme y he vuelto a recordar el desamor. De la mano de José C. Vales he vuelto a releer las mejores novelas eróticas francesas y he vuelto a esnifar cocaína en bandejas de platas Art Déco. Y he vuelto a saber lo que es regresar a casa con la camisa desabrochada, oliendo a cigarrillos turcos y a “Shalimar” de Guerlain.
He vuelto a recordar la primera vez que Laura La Plante me pidió fuego, he vuelto a recordar a Conchita Montenegro besando a Leslie Howard y he vuelto a recordar a Norma Talmadge sonriéndome al trasluz de una copa de Highball, mientras juguetea con su anillo de brillantes.
He vuelto a recordar que con José C. Vales he vuelto a ser feliz. Y eso es algo que no se olvida. Como el recuerdo obsesivo de un charlestón.
“Cabaret Biarritz” Premio Nadal 2015 Ediciones Destino

Juan Aranzueque,

Entrevista en Doblones de a cuatro

Comprar: Cabaret Biarritz

 

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